jueves, 30 de julio de 2009

FICHA

Título: La vida y el pensamiento revolucionario de Marx y Engels

Autores: David Riazanov

Año (1ra Edición): Julio de 2003

Año (mi edición): 2003

Editorial: Instituto de formación marxista

Idioma: Castellano

Sinopsis:

Este libro recopila 9 de las 10 conferencias (la décima se encuentra perdidad) en torno a la vida política de Marx y Engels, que llevó adelante David Riazanov en la Academia Comunista de Moscú en 1922, además de dos textos del mismo autor, en los que se aboca, por un lado, a describir la personalidad de Marx, atacado muchas veces por sus enemigos por un largo y colorido listado de epítomes que perseguían difamarlo (arisco, insensible, abyecto), y por otro, a una interpretación rica en minuciosidades del contexto y alcance histórico del famoso libro de Engels “El Anti-Dühring”. En este último texto Riazanov muestra lo renuente que fue Engels a escribir el libro que significó una gran difusión para las ideas marxistas. Explica que el alemán fue movido por las insistencias de Karl Liebnecht y la necesidad política de combatir las ideas de Dühring, que cobraban difusión entre círculos obreros y estudiantiles. Por lo demás, parte de la renuencia de Engels se entiende por las características personales de Dühring, que no era sino un profesor expulsado de la academia prusiana por sus tintes revolucionarios, extremadamente pobre, muy respetado y seguido por algunos estudiantes, y adolecía de una condición que agravaba todo el cuadro. Era ciego.

El objetivo manifiesto de las conferencias de Riazanov es el de probar históricamente que los dos padres del materialismo histórico tuvieron una vinculación fuerte con la militancia política de la época, independientemente de que sus puntos de vista fueran variando a lo largo de los años, y el modo de esta acción cambiara al ritmo que se desarrollaba el movimiento obrero y las concepciones revolucionarias en el seno del mismo.

A lo largo de las conferencias, Riazanov intenta reconstruir a grandes rasgos la historia del movimiento obrero de Europa central, desde el punto de vista de las nacientes organizaciones obreras comunistas, y las grandes organizaciones obreras en general, como la Internacional. Cada tanto añade cortas explicaciones que buscan aclarar situaciones políticas u organizaciones europeas con ejemplos extraídos de la historia rusa, más cercana a su audiencia. Por ello son frecuentes las referencias a los narodiki (populismo ruso) y al grupo de Jorge Plejanov de donde provenía el propio Riazanov, llamado “emancipación del trabajo”. Al tener en cuenta las situaciones personales de Marx y de Engels, y cruzarlas con la situación política de la clase obrera puede iluminar aspectos de la vida de los mismos, como el largo periodo de inactividad que viven entre los años 1852-1862, que se da en un contexto de reacción y avance de la clase capitalista sobre el movimiento obrero y lamisma clase. Sobre la incidencia de las situaciones personales se puede tomar como ejemplo el caso de la situación económica de Engels, que al no poder garantizarse el sustento se siente forzado a trabajar como empleado de comercio para las fábricas textiles del padre, en Holanda e Inglaterra. Allí pasa de ser un empleado como cualquier otro a asociarse con otra persona para manejar la fábrica, punto en el cuál Engels pide poder dedicarse lo menos posible a ese oficio y entregar su tiempo a la actividad y escrituras políticas e intelectuales en general. Durante toda su vida, los trabajos de Engels son los permiten a la familia Marx sobrevivir en condiciones de miseria. Engels sin embargo, en la versión de Riazanov, gana costumbres aburguesadas por el contacto con grandes comerciantes y capitalistas en general. A la muerte de Marx, estas maneras aprendidas se volverán un obstáculo que él tendrá que soslayar para poder relacionarse con los dirigentes obreros de toda Europa, quienes, en un principio, lo miran con desconfianza, llegando a pensar que la única razón por la cuál Marx había mantenido lazos con él durante toda su vida fue el utilitarismo económico. Este obstáculo fue exitosamente superado por Engels, y su increíble capacidad en el dominio de los idiomas (llegó a "chamuyar" hasta 12 lenguas) le permitió también estar al tanto de las novedades en múltiples países europeos a la vez y poder aconsejar a sus dirigentes sobre pasos a seguir. Al final de su vida, Engels se impuso como líder absoluto del movimiento obrero revolucionario, y fue allí cuando se dio el triste episódio de la censura liebnechtiana al prólogo de 1895 a "La lucha de clases en Francia"

Podeos nombrar algunos casos en que la actividad política de los autores se ve directamente ligada a las circunstancias del movimiento obrero europeo, como son la escritura- a pedido de la Liga de los Justos, que se desarrolla posteriormente como Liga de los Comunistas- de El Manifiesto Comunista. Un segundo momento puede ser la fundación de la primera asociación internacional de los trabajadores en 1864, para quien Marx escribe es discurso inaugural, y promueve una serie de medidas a ser adaptadas en el estatuto de la organización. Si bien el primer documento guarda la imprenta del autor, el segundo es producto de las discusiones con la vertiente prudhoniana en la misma AIT. Marx se ve forzado a “endulzar” ciertas aseveraciones para hacerlas más aceptables tanto para los políticos obreros de la época. Las primeras discusiones con el prodhonianismo, muy fuerte en esta primara etapa del movimiento obrero, se volverán luego ríspidas luchas contra Bakunin y sus seguidores. El diálogo y la confrontación Marx-Bakunin estuvieron llenos de contradicciones, y Riazanov se esfuerza por demostrar que si bien había diferencias dentro de un objetivo en común, el proceder personal de Bakunin era mucho más cuestionable que el Marx.

Inevitablemente Riazanov trata el tema de la relación de Marx y Engels con los dirigentes de la socialdemocracia Alemana, Karl Liebnecht, Karl Kautsky, August Bebel, Eduard Bernstein, una historia rica en anécdotas y sutilezas, y que permiten entender más de cómo era la relación política dentro del campo político marxista (calificativo un poco cuestionable, ya que existía por el poco interés de conocer profundamente las ideas de Marx por parte de algunos de éstos líderes, y hasta llegaron a hacer un rápido parangón con las ideas de Dühring, en el caso de, por ejemplo, Babel, o de soslayar la discusión entre Engels y aquel teórico, alejándola del Vorwärts).

Impresión: muy buena

Tiempo que tardé en leerlo: 5 Días

sábado, 25 de julio de 2009

¿Existe una teoría del Estado en el Capítulo VIII – Sobre la Jornada Laboral- de El Capital, de Karl Marx?

Algo escrito en el contexto de la cátedra Economía Política II de Néstor Lavergne




Las siguientes líneas tienen como modesto objetivo mostrar que existen indicios de una teoría del Estado en el capítulo VIII de El Capital. Para ello, tratamos de reconstruir someramente el planteo de ese capítulo, engarzándolo con la argumentación de la obra hasta él, con el objetivo de comprender que Marx está ilustrando el complejo fenómeno de que la propia clase capitalista se pone límites así misma, que permiten la perduración de la sociedad como un todo, y en particular del capital como la relación social que la rige.

I

¿Por qué Marx introduce la pregunta por la jornada laboral? Hasta el punto que tomamos en la obra, Marx ha hecho un desarrollo de las determinaciones generales de la forma mercancía, demostrando como en el despliegue de las mismas la mercancía cobra la forma escindida de dinero (sección I) y se transforma a su vez en Capital, al circular como tal (sección II). La sección III, en la cual se encuentra el capítulo VIII, se llama “Producción del Plusvalor absoluto”. Esta compuesta de 5 capítulos, en los cuales Marx introduce la vital diferencia entre el proceso de trabajo, como perteneciente a cualquier y todo tipo de sociedad, y el proceso de valorización, forma que subsume al proceso de trabajo bajo la necesidad capitalista de producción de valor, y más específicamente, es decir, Plusvalor, la forma que cobra el plustrabajo éste el modo de producción. Al describir la diferencia entre capital constante y capital variable, Marx desarrolla elementos claves que le permiten superar ciertos obstáculos que había enfrentado la economía política clásica al describir el funcionamiento del capital, aunque lo haga inicialmente de una forma muy sencilla, que será complejizada en los tomos siguientes. Finalmente, Marx nos introduce a una primera definición del grado de explotación, la relación entre tiempo de plustrabajo y tiempo de trabajo necesario. La sumatoria de ambos da la jornada laboral. Dicho de otra forma, la jornada laboral se divide en plustrabajo y trabajo necesario. La pregunta que se impone entonces es ¿Cómo se determina la magnitud o extensión de la jornada laboral?

II

Sabemos que la magnitud de la jornada laboral es variable. Tampoco cuenta con límites mismos, en la medida en que el único límite es un átomo, una milésima, un nanosegundo, de producción de Plusvalor. Sin Plusvalor no existe capitalismo, por lo que la jornada en sí tiene como único objetivo la obtención de aquel. Sin embargo, la misma si encuentra límites físicos y espirituales, que constituyen su tope máximo de extensión. Marx no especifica claramente cuales serían los “morales”, pero los físicos son evidentes de por si: un hombre no puede, por ejemplo, trabajar 24 horas seguidas en condiciones de trabajo normales porque eventualmente morirá de extenuación.

Metiéndonos más específicamente con las determinaciones generales de la jornada laboral, debemos establecer que la misma es un intercambio mercantil entre obrero (portador de la mercancía fuerza de trabajo) y capitalista (portador de dinero, en su forma concreta, de medios de producción), quien compra la fuerza de trabajo del primero por un tiempo determinado, y pone a funcionar su valor de uso, el trabajo. El producto del trabajo es propiedad del capitalista, al se el comprador de la mercancía (p. 280, ed. Siglo XXI). Es en este sentido que el capitalista no quiere “que se lo robe”, ha pagado por X horas de fuerza de trabajo y está bien dispuesto a hacer valer su dinero.

A su vez, el obrero en su papel de vendedor, quiere que se le pague íntegramente el valor de su mercancía. Marx ha establecido que el valor de la misma son los medios de subsistencia del obrero y su familia, es decir, reproducción del obrero. Por lo tanto, el precio (forma dineraria del valor) pagado por la fuerza de trabajo deberá cubrir éstas necesidad, o se estará incurriendo en un “robo”, pago de fuerza de trabajo por debajo de su valor (p. 281/282).

Aquí hemos establecido un punto de conflicto. Existe una antinomia entre obrero y capitalista. Esta misma se da porque en su condición de comprador, el capitalista tratará de obtener el máximo fruto de su dinero adelantado: perseguirá prolongar la jornada laboral al máximo posible. Mientras tanto, el obrero, en calidad de vendedor, buscará reducir la jornada laboral al un término normal, que le permita disponer de su mercancía en el futuro, que no la agote prematuramente. Marx sostiene que “entre derechos iguales decide la fuerza” y que por lo tanto “la reglamentación de la jornada laboral se presenta como lucha en torno a los límites de dicha jornada, una lucha entre el capitalista colectivo, esto es, la clase de los capitalistas, y el obrero colectivo, o sea la clase obrera”.

Hasta aquí hemos desarrollado algunos aspectos generales de la jornada laboral sin siquiera introducir la idea de Estado. La jornada laboral, más allá de los límites exteriores establecidos, se presenta como resultado histórico de la lucha de clases. Marx desarrollará esto para algunas ramas específicas de Inglaterra del siglo XIX. Sin embargo, en hacer eso desarrollará también algunas nociones que nos sirven para pensar como ésta concibiendo la relación, no ya entre capitalista y obrero, sino entre clase capitalista y clase obrera. Finalmente esto nos conducirá a algunos elementos en torno al funcionamiento y rol del Estado presentes en éste capítulo.

Es interesante recordar que Marx siempre esta operando en el nivel de las personificaciones: no es el capitalista individual, en términos de sus características personales, lo que determina como el capitalista se comporta, sino que la persona X está enajenada en el capital, porta la “piel del capital” y su comportamiento responde a como debe el capitalista operar, ya que es impuesto por las propias leyes de la competencia, esto es, está determinado. (p. 326)

“En el capitalista, la hambruna de plustrabajo se manifiesta en el afán de prolongar desmesuradamente la jornada laboral” (p. 284). De hecho, “en su hambruna canina de plustrabajo, el capital no sólo transgrede los límites morales, sino también las barreras máximas puramente físicas de la jornada laboral. Usurpa el tiempo para el crecimiento, el desarrollo y el mantenimiento de la salud corporal” (p. 319). De esta forma, explota la fuerza de trabajo con un grado que conduce al propio agotamiento de esa mercancía. “El capital no pregunta por la duración de la vida de la fuerza de trabajo. Lo que le interesa es únicamente qué máximo de fuerza de trabajo se puede movilizar durante una jornada laboral. Alcanza este objetivo reduciendo la duración de la fuerza de trabajo (…)” (p. 320). La actitud del capitalista es la de quien dice “¡Después de mi, el diluvio!”. El “movimiento práctico del capital” lo conduce a minar la propia fuente de su valorización. Por esta razón, la limitación de la jornada laboral pareciera ser una propia necesidad del capital total de la sociedad .

La idea de que es interés del capital como un todo, la regulación de la jornada laboral, está expresada del modo siguiente:

“Si esta prolongación antinatural de la jornada laboral por la que punga necesariamente el capital, en su desmesurado impulso de autovalorización, acorta la vida de los obreros individuales y con ello la duración de su fuerza de trabajo, será necesario un remplazo más rápido de las fuerzas desgastadas, y por ende será mayor la suma exigida para cubrir los costos de desgaste en la reproducción de la fuerza de trabajo (…). Parece, por consiguiente, que el propio interés del capital apuntara en la dirección de una jornada laboral normal” (320).

La propia idea de consumo “desmesurado” de la fuerza de trabajo, de “exceso de trabajo”, guarda de fondo la idea de destrucción de la fuerza de trabajo. Interpretamos aquí que independientemente de una lectura “humanista” que pueda hacerse de éste fenómeno (el capital “mata”- no tan lentamente- a los obreros), Marx persigue comprender como la lucha de clases manifiesta una necesidad de conservación “de la sociedad en su conjunto”. El propio Estado capitalista impone leyes que coaccionan a cada capitalista individual en su afán destructor de Plusvalor. Este hecho, supone el proceso histórico por el cual el capital se apropia de esferas del trabajo y las pone a funcionar bajo el designio de la valorización (p. 360). Es cuando el capital se instala en éstas ramas de la economía, que comienza “el control social que reduce, regula y uniforma legalmente la jornada laboral con sus intervalos” (ídem). Por lo demás, la misma idea de la necesareidad de regular la explotación de la fuerza de trabajo (en interés de la clase capitalista como un todo, capitalista colectivo, y en detrimento de cada capitalista individual) está expresada por Marx del siguiente modo:

“Dichas leyes [las factory acts] refrenan el acuciante deseo que el capital experimenta de desangrar sin tasa ni medida la fuerza de trabajo, y lo hacen mediante la limitación coactiva de la jornada laboral por parte del estado, y precisamente por parte de un estado al que dominan el capitalista y el terrateniente. (…) la limitación de la jornada laboral fue dictada por la misma necesidad que obliga a arrojar guano en los campos ingleses. La misma rapacidad ciega que en un caso agota la tierra, en el otro había hecho presa en las raíces de la fuerza vital de la nación” (p. 287).

La forma histórica que produce estas leyes, es la lucha de clases, “la guerra civil prolongada y más o menos encubierta, entre la clase capitalista y la clase obrera” (p. 362). Marx cierra el capítulo con la célebre frase que sostiene que “para ‘protegerse’ los (…) obreros tienen que confederar sus cabezas e imponer como clase una ley estatal, una barrera social infranqueable que les impida a ellos mismos venderse junto a su descendencia, por medio de un contrato libre con el capital, para la muerte y esclavitud” (p. 364).

Tomada a la ligera, esta frase parece decir que la clase obrera opera en contra del capital. Creemos que hay elementos en el capítulo que permiten ver otra dimensión del fenómeno: la clase obrera opera en contra de la clase capitalista, pero cumple su función en la reproducción de la sociedad capitalista como tal, en el mantenimiento de la relación del capital. Satisface una cierta necesidad del capital de disponer de fuerza de trabajo que de otro modo se encontraría más tarde o más temprano agotada por la propia explotación que el capitalista individual realiza sobre sus obreros.

El propio Estado que en un momento actúo como prolongador coercitivo de la jornada de trabajo, ahora se trastrueca en regulador coercitivo de la jornada. La necesidad social de reducir la jornada de trabajo indudablemente se manifiesta bajo la forma de lucha de clases, pero no deja por ello de ser un momento crucial en el propio desarrollo capitalista, que instala la venta normal de la fuerza de trabajo por su valor, y así la propia reproducción de la clase obrera. Este proceso se realiza bajo las quejas de muchos capitalistas individuales, en contra de su interés individual y la forma en que este se manifiesta en su consciencia, pero a favor del capitalismo como modo de producción. Históricamente se han visto muchas situaciones donde en interés del capitalismo no es idéntico al interés histórico del capitalista individual. Y en el surgimiento del modo de producción, tratado en profundidad Marx en los capítulos XI, XII y XIII se ve con claridad ésa situación. En un sentido lo que se ésta diciendo también es que la lucha de clases no es algo que de repente no existe y luego aparece de la nada. Sino que su propio sustrato está en las necesidades sociales del modo de producción, que son también necesidades del capital.

III

Nota sobre “capitalista colectivo ideal” en “Del socialismo utópico al socialismo científico” F. Engels.

Dice Engels:
"(…) el Estado moderno no es tampoco más que una organización creada por la sociedad burguesa para defender las condiciones exteriores generales del modo capitalista de producción contra los atentados, tanto de los obreros como de los capitalistas aislados. El Estado moderno, cualquiera que sea su forma, es una máquina esencialmente capitalista, es el Estado de los capitalistas, el capitalista colectivo ideal” (citado en Tarcus (comp.) “Marx y el Estado” , pág. 99).

Este texto, parte de un folleto preparado para su publicación en la obra “Anti-Dühring”, arroja la forma que tiene Engels de pensar en el fenómeno planteado en torno al capítulo VIII del capital: la posibilidad de que el Estado actúe en nombre de la clase capitalista como un todo, incluso perjudicando al capitalista individual, aislado. El objetivo de citarlo en este anexo del la exposición anterior es tratar de mostrar cómo incluso la clase obrera puede – y lo hace- cumplir necesidades de la sociedad capitalista independientemente de que ésta necesidad se demuestre como una lucha contra la propia clase capitalista. La ley estatal que coacciona a la clase capitalista indica que el Estado está actuando como capitalista colectivo. La noción de “ideal” la dejamos de lado por tener una connotación algo ambigua. Podría interpretarse que Engels está pensando en un “sujeto colectivo” capitalista, es decir, una capitalista que no existe bajo el nombre y apellido tal, sino que es el “sujeto” de todo el capital de la sociedad.



Rolando García Bernado 20/06/09

jueves, 29 de enero de 2009

La relación entre formas económicas y formas políticas

(Para la materia de Juan Iñigo Carrera)

En principio tengo que admitir que semejante temática me supera ampliamente, por lo que la siguiente argumentación tratará de no ser más que una opinión bien fundamentada.

La relación social que es el capital rige en las sociedades capitalistas contemporáneas. Toda forma de capital es global en alguna instancia por lo que es difícil distinguir la existencia de capitales puramente nacionales y capitales extranjeros. Más aun, con la extensión de las nuevas tecnologías el capital que tendía a la mundialización ha sido catapultado hacia este proceso. En otras palabras, el capital no tiene patria. Sostengo esto porque creo que algunos autores han llamado “globalización financiera” es una ejemplo del correlato existente entre cambios económicos y cambios en la dominación política. Podemos tal vez dar por sentado que luego de un proceso de acumulación originaria y entrada en relaciones de producción capitalistas (liberación doble de la fuerza de trabajo) el capital da lugar a un proceso de desarrollo en extensión, expandiéndose todo lo que las condiciones estructurales de una sociedad se lo permiten y mercantilizando crecientemente nuevos valores de uso. Sostengo que cuando el capital choca con un límite tiene que destruirlo y sobrepasarlo, y este propio límite tiene que tanto con la forma de las relaciones de producción como con aspectos culturales de las distintas sociedades y sus instituciones. Es por ello que tiendo a pensar que la dimensión política (las instituciones, formas de gobierno, el autoritarismo) sufren cambios cuando el capital esta buscando nuevas formas de expansión y ellas están chocando contra él. Sin embargo, no creo que este enfrentamiento siempre termine en la derrota de los cuadros políticos de una burocracia estatal. En esto tiendo a pensar que existe cierta autonomía de la dimensión política para encauzar o modificar el proceso de acumulación del capital. Explico que esto es posible porque el estado no es el aparato de la burguesía atendido por sus propios dueños, sino que tiendo a suponer que es una cristalización de la lucha de clases que involucra también a agentes del movimiento obrero organizado y otras fracciones intra-clases en pugna.

Para explicar los cambios en el contenido de los gobierno democráticos desde 1983 (el traspaso de que los partidos políticos gobernantes encauzando mejoras para el campo popular a estos volviéndose dominación que permite una mayor extracción de plusvalía y generalización de la miseria entre los que venden su fuerza de trabajo), tiendo a pensar que ha habido un cambio de la fracción del capital dominante, pasando de estar instalada una pugna entre el capital industrial y el agrario a imponerse el capital financiero como hegemónico, proceso que condujo a un creciente endeudamiento externo privado que luego fue traspasado a las arcas públicas y a un crónico desequilibrio estructural pero no por la pugna antes mencionada sino por la dependencia del endeudamiento externo (proceso notable en los años ´90 cuya fuga estaría la crisis del 2001 pero que no habría concluido aún).



martes, 27 de enero de 2009

Responsabilidad en la sociedad moderna




Encontré dos ideas opuestas sobre cúal es el contenido de la responsabilidad en autoridades políticas y altas jerarquías gubernamentales de las sociedades modernas. Ambas tratan de dar una explicación al mismo fenómeno, y utilizan como ejemplo paradigmático al nazismo y sus inhumanos excesos de poder. No es de extrañar porque se trata de dos autores alemanes de postguerra, los dos exiliados y residentes en Estados Unidos, aunque con trasfondos políticos disímiles: Hannah Arendt, vinculada al liberlism o cierto conservadurismo, y Herbert Marcuse, ligado al marxismo y la teoría crítica.

La pregunta por la responsabilidad es más bien la pregunta por cómo piensa y como se relaciona con el mundo social que lo rodea alguien que decide alguna medida atroz o de lesa humanidad. Tomo este tipo de ejemplos porque son más claros para la discusión, aunque de fondo quiero discutir cual es la responsabilidad individual de cada acto aplicable a cada hombre que con su labor mantiene funcionando los engranajes de una sociedad estructuralmente injusta.

Los años cuarentas y cincuentas dieron luz a una inevitable y profundísima discusión sobre "la condición humana" y los límites del hacer humano. La razón histórica más evidente fue la aparición y caída de los regímens fascistas, así como la aparición la lucha entre comunismo y capitalismo, ambos instalados sobre enormes dispositivos de control y una férrea disciplina social. El totalitarismo stalinista y el macartismo estadounidense se complementaban para mantener sus sociedades bajo acontrol puertas adentro. La noción amenazante de un enemigo nuclear permitía cohesionar a la sociedad y exceder cualquier límite en la facultad del estado para hacer vivir y dejar morir. La pregunta entonces por cómo se toman las decisiones que dejan morir a miles de sujetos (el gulag, el campo de concentración, la guerra de vietnam y la represión anticomunista) dio luz a estas dos posiciones que antes mencionaba. Por un lado, la idea de que el mal es banal, rastreable en mucha literatura clásica, quedo plasmada en el escrito de H. Arendt sobre los juicios de Nurumberg "Eichmann en Jerúsalem". En este libro, la descripción de la personalidad y conducta de Eichmann durante el proceso que terminó en su ejecución conduce a Arendt a señalar que Eichmann no era un hombre profundamente demoníaco, sino profundamente estúpido, increíblemente banal, un hombre de una simpleza máquinal. El revuelo causado por este libro tuvo que ver con la interpretación erronea de que con este clase de visiones se desresponsabilizaba al asesino por su labor. Arendt buscó rapidamente difuminar estos dichos superficiales. La idea de que el mal puede ser banal busca explicar en profundidad la psicología de un moustruo de la humanidad no apartandolo de la humanidad y mostrando como la anomalía de su existencia se debe a una malformación craneana, sino como la mounstruosidad se debe a una lógica social superior a él mismo que se constituye como el totalitarismo: un aparato administrativamente caótico de opresión.

Por el lado de H. Marcuse, la idea de que el mal puede ser banal es considerada simplemente falsa. La maldad en las decisiones del alto mando tiene que ver con la permisibilidad de no sentir culpa ante una acción condenable. La noción de que en las sociedades modernas la posibilidad de ir encontra de lo afirmado, de lo que existe de hecho, o de ver la contradicción y la potencialidad, las va transformando en sociedades unidimensionales, tiene como corolario en el mundo político que esta misma práctica se vuelve crecientemente menos seria y crecientemente menos responsable. Entonces las faltas personales del alto mando o las atrocidades de la lucha de clases donde la clase dominante esta dispuesta a todo por aumentar la explotación o impedir el cambio, no son atribuibles a la persona, sino a la máquina. La acción es vil, pero la responsabilidad no puede recaer en el hombre, es facilmente lavable. Es el imperio de Poncio Pilatos. Dado que nadie opera la máquina, ya que funciona a pesar de los individuos y no a través de ellos, o por ellos, la responsabilidad de hace difusa, se difumina (En esto las posiciones encontradas tejen nexos que tienen que ver con lo evidente de la afirmación). La política se vuelve una charada, una máscara necesaria pero no creíble (incluso Marcuse arroja la idea de que esto puede ser visto en la participación política -ir a votar- a pesar de no creer en los anuncios que leemos en las calles, o dejarnos seducir por un símbolo a pesar del escepticismo que le guardamos, creer una promesa, una cartel, un "programa" por su belleza estética).

Una discusión interesante porque señala un tema interesante, actualizable y altamente sufrible.

lunes, 26 de enero de 2009

Sociología y Economía

Una idea muy cortita vinculando a estas dos áreas del conocimiento, separadas más por la institucionalización del conocimiento, de caracter diciplinaria, que por la naturaleza de su objeto: las relaciones sociales.

Estando absolutamente interesado en Economía, pienso que tal vez el problema de los desarrollos de la mayoría de las descripciones económicas es su concentración en el proceso productivo, y no en el tramo de la comercialización. Aquí los aportes de la sociología, sobre todo de P. Bourdieu, han permitido develar la dimensión que escapaba a aquel tipo de descripciones: la forma en que el consumo esta atravesado por la estructura de clases. Es sencillo suponer un hombre abstracto con pleno manejo de la información, plena libertad de elegir que consumir. La sencillez de este planteo proviene de que elige no preguntarse por el origen de esa supuesta elección y sus condicionantes. De esta renuencia proviene también su enorme limitación para describir efectivamente como funciona la sociedad, como se da el intercambio de bienes, cuantos pasos atraviesan este proceso, cuanto de "irracionalidad" existe en alguno de ellos, que tan alejada esta la sociedad del modelo abstracto de la ciencia. En esto, creo que hasta el mismísimo Marx hacía una suerte de vista gorda, cuando decía en la primera página de El Capital:

"La mercancía es, en primer lugar, un objeto exterior, una cosa que merced a sus propiedades satisface necesidades humanas del tipo que fueran. La naturaleza de esas necesidades, el que se originen, por ejemplo, en el estómago o en la fantasía, en nada modifica el problema. Tampoco se trata aquí de cómo esa cosa satisface la necesidad humana: de si lo hace directamente, como medio de subsistencia, es decir, como objeto de disfrute, o a través de un rodeo, como medio de producción."


Este planteo inicial expresa exactamente lo que quiero decir al señalar que es la dimensión del consumo (del valor de uso) que escapa a planteos asentados sobre la dimensión de la producción, característicos de la conformación de la economía como campo autónomo de conocimiento, recorte fundamentalmente falso. Es esta carencia que cierto tipo de sociología logra suplir al comprender los condicionantes sociales, básicamente de clase o grupo (sea por nivel de ingresos, nivel educativo, localización geográfica, edad, historia colectiva, tradición cultural) en la esfera -analítica- del consumo. Buscar comprender la totalidad para poder comprender la parte es una enseñanza del mejor momento de la teoría social, y recuperar esa pretensión, me parece, significa fusionar estas dos dimensiones (la del valor de cambio y la del valor de uso) para comprender más acabadamente a las sociedades modernas.







jueves, 22 de enero de 2009

Fichado de Libro: La recepción de la escuela de Frankfurt

La idea del blog es hacer fichados de libros también. Yo los hago por mi cuenta, lo que voy a hacer es empezar a hacerlos públicos.

FICHA

Título: La recepción de la Escuela de Frankfurt.

Autores: Alain Blanc, Jean Marie Vincent (dir.). Escritores: Alain Blanc, Jean Marie Vincent, Pierre V. Zima, Henri Leroux, Ewa Bogalska Martin, Paul Laurent Assoun, Florent Gaudez, Giovanni Battista Clemente, Luis Castro Nogueira, Waldemar Czajkowski, Stelios Alexandropoulus, H. T. Wilson, Sonia Dayan-Herzbrun.

Año (1ra Edición): 2004.

Año (mi edición): 2006

Editorial: Nueva Visión (Buenos Aires)

Idioma: Español

Sinopsis e impresión general: Se trata de una recopilación de artículos consistentes en la descripción de las ideas de algunos autores de la escuela de Frankfurt (1ra Parte) y el desarrollo más o menos histórico de su recepción eventual en distintos países de Europa, para lo cual un autor especializado de cada país describe el contexto en que esta misma se dio en el propio. La primera parte presenta grandes diferencias entre enfoques de los autores, aunque no hay claras adherencias a ninguna escuela o modo de pensamiento (hermenéutica, marxismo). Las descripciones de "vinculaciones" teóricas existentes entre distintos autores (Foucault y Horkheimer; Adorno y Lyotard; Horkheimer y Habermas) son muchas. Permiten tener un panorama general de lo que la teoría crítica es (principio de no identidad, vinculación teória-praxis, relación con el trabajo empírico y de campo, crítica a la razón instrumental, a la técnica como ideología y a la sociedad de masas, noción del fascismo como antagónico de la libertad y vinculación general con la sociopsicología en trabajos específicos como "la personalidad autoritaria" o "studies on prejudice"). La calidad de los distintos artículos es desigual.

La segunda parte es una descripción más histórica, aunque no demasiado, de cómo se dio la recepción de la escuela en algunos países de Europa, con las coyunturas particulares de cada uno. Resaltan el trabajo de Giovanni Battista Clemente en Italia por la clara descripción que se da del contexto intelectual fuertemente marcado por el marxismo digerido y "domado" de B. Croce, la crítica gramsciana y la hegemonía del PC con su proa stalinista. Me pareció muy bueno ambos artículos sobre la recepción física e intelectual de los distintos autores franfortianos en los EE.UU. Su calidad esta dada porque permiten entender la vasta vinculación existente entre escuelas de pensamiento en vigencia o emergentes en esta época. Lo digo porque (así como en el libro de Martín Jay) los artículos desarrollan la relación EdF - Lazarfeld - Marie Jahoda - W. Mills (Riesman, Veblen) - así como otras relaciones más conflictivas o tangenciales (Bertold Brecht, Thomas Mann). La diferencia entre estas relaciones y las trazadas en los ensayos de las primera partes es que éstas efectivamente existieron, mientras que las otras son vinculaciones teóricas creadas por las mentes de los autores.

Impresión: Muy buena!!

Tiempo que tardé en leerlo: 20 Días.

Problema y Pseudo Problema (Parte II)

Para continuar el hilo, vale la pena hacer un racconto de la idea principal: hay problemas de investigación y pseudo problemas. El problema se interroga por alguna cualidad o relación existente en el mundo social, la describe, la interpreta, la explica o la comprende (la variedad terminológica es porque el término empleado conlleva un número de supuestos epistemológicos de fondo, pero que no hacen a la discusión que estamos teniendo. En otras palabras, creo que para cualquier enfoque sobre las ciencias sociales existe esta diferencia entre problema y pseudoproblema, aunque una afirmación así necesita más revisión).

Actualmente además de estudiarse este tipo de cuestiones, en ciencias sociales hay muchos fondos dedicados al estudio y desarrollo de interpretación y lecturas-resúmen u otro tipo de sinopsis sobre distintos teóricos de la teoría social o con ella lindantes. Pienso por ejemplo, en los UBACyT dedicados a Deleuze o a Nietzsche o a la Biopolítica o la Fenomenología. La producción resultante de estos grupos de trabajo son ponencias o artículos que giran alrededor de las ideas de un cierto autor y buscan vincularlas con las de otros autores o desarrollar aspectos inocuos de la misma teoría o corolarios que han escapado a otros lectores. Su modus operandi es básicamente leer y leer un autor y, combinándolo con lecturas previas realizadas por el lector-investigador, obtener un resultado "superador" o bien una ponencia resumen de un libro, una lectura digerida, compacta. Estos trabajos son resultados de "pseudoproblemas" donde la teoría no es un medio para la realidad sino que tiene status de base empírica: la propia teoría es un fin en si mismo porque es el objeto que se estudia como emanación del mundo social. En los peores trabajos de este estilo, la teoría tiene status propio y esta desvinculada del mundo, y en los mejores la teoría es una especie de epifenómeno de la realidad y el lector busca los síntomas de época de la que ésta adolece inevitablemente. Creo que con este ejemplo y descripción ya se ve claramente que es lo que yo considero un pseudoproblema: la investigación sobre trabajos previos cuyo objetivo es la descripción e interpretación de ese mismo trabajo, es decir, de las ideas de un autor, y tal vez, su vinculación con la de otros autores.

Ahora bien, traté de no ser peyorativo en mi descripción porque creo que el pseudoproblema no es una paria de las ciencias sociales sino que es una forma mediante la cual la lectura de los miles y miles de libros e investigaciones, trabajos filosóficos, artículos y otros modos de presentación del mundo social se hace posible. La posibilidad de un ser humano para digerir la enorme producción de las ciencias sociales se hace con el correr del tiempo crecientemente imposible. Es cierto, ya en el siglo XX difícilmente un autor podría haber leído todo y sabido todo. Ya en el V debía de ser así. Esa pretensión es más bien absurda. Pero las posibilidades de leer coherentemente algo se hacen más complejas: por ejemplo, estudiar seriamente el marxismo ha de tomarnos años al menos, sino toda una vida. Entonces los resultantes de este trabajo de digestión aportan porque facilitan la difusión de campos del conocimiento en ciencias sociales.

Sin embargo, existe, a mi parecer, una distorsión maligna en este tipo de producción, que se da cuando el único trabajo del lector constituye en retomar autores ignorados por el canon bestial y maquiavélico, y arrojarlos a la academia como diciendo "mirén, se olvidaron de este". En algún sentido es esa una tarea noble en la medida en que no constituya un fin en si mismo. En otras palabras, retomamos a tal autor porque tal autor tenía ALGO que decir sobre el mundo social, que nos permite explicar algo que no estamos pudiendo explicar, o criticar la forma en que lo explicamos o interpretamos. Entonces ese aporte se constituye como un valor inapreciable para la construcción de conocimiento teórico y no solo una herramienta de sustento material (salarial) para jóvenes investigadores que buscan ingresar al campo, con el único objetivo de mantener las relaciones existentes pero con ellos ya encumbrados. El mensaje de fondo que quiero trasmitir es la necesidad de volver al espíritu positivista de voluntad de descripción del mundo social y creencia en la capacidad de la ciencia social para hacerlo, dejando de lado los aspectos más temibles de la mezquindad salarial, que se constituyen no como producción teórica del conocimiento sobre el mundo social, sino como reproducción material del pseudoconocedor.